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Las 3 claves para sacar el máximo provecho a lo vivido y aprendido

“Trabajar desde casa ha ido mucho mejor de lo esperado”

“El trabajo en remoto ha venido para quedarse”

¿Cuántas veces hemos oído estas frases en los últimos días?

La verdad sea dicha, en estos últimos años, y con anterioridad al confinamiento, he podido comprobar en muchas ocasiones cosas positivas y negativas del trabajo en remoto. Lo positivo es que es una fórmula que bien combinada ofrece la oportunidad de sacar la máxima efectividad de las personas. Lo negativo es que la naturaleza del ser humano le puede llevar de manera inconsciente a un deterioro en su forma de trabajar en remoto, silencioso y progresivo, pero de consecuencias muy negativas.

Ahora quizá nos cuesta pensar y ver factible este planteamiento negativo, si obviamos los que tenían que trabajar desde casa con tres hijos a su cuidado. Mucha gente, al estar en remoto, ha trabajado más horas que nunca porque además no existían casi actividades alternativas de lunes a domingo. Pero el mundo real volverá y de nuevo habrá muchas actividades que competirán con trabajar, y el deterioro puede llegar y repito, de manera silenciosa y progresiva. Además, esa actitud de máxima cooperación, de trabajar más unidos que nunca y de una manera incondicional por los demás, también disminuirá y no todo será tan idílico en ese sentido.

Algunos mientras leen estas reflexiones pueden entender el riesgo, aunque también entienden que como en casi todo, es una cuestión de tiempo y que las cosas se acabarán ajustando y arreglando, sacando lo mejor de la combinación futura de estas dos formas de trabajo. Es el pensamiento de que ya somos todos mayores y responsables para saber lo que hacemos: “las personas deben asumir su responsabilidad individual y ser realmente efectivos en ambos entornos para lo que no debe ser necesario intervenir con anterioridad”.

Y esto es precisamente una decisión que considero arriesgada o al menos, una decisión que no aprovecha lo mucho que hemos vivido y aprendido y lo útil que nos puede resultar lo que se ha considerado como la mayor prueba experimental de trabajo en remoto. Por el contrario, las organizaciones y sus líderes deben promover tres acciones sencillas justo en este momento donde la vuelta a la normalidad empieza a dar sus primeros y tímidos pasos:

1/ Pensar en cuál será la combinación idónea remoto-presencial

Si realmente buscamos la efectividad de cada posición, deberíamos hacer una reflexión doble. Primero, los condicionantes que influyen para poder desempeñar ese puesto de trabajo en remoto, algo que esta nueva situación ha demostrado que en la mayoría de los casos no suele presentar problemas. Y, en segundo lugar, buscar la combinación óptima según la personalidad de cada trabajador y sus circunstancias para lograr que mejore su efectividad y así su engagement. Por ejemplo, si una persona se ahorra dos horas al día en traslados, parece lógico que poder trabajar desde casa algunos días mejorará su nivel de energía física y emocional.

2/ Nuevas fórmulas de comunicación

En muchos casos, esta época de confinamiento individual ha sido el momento de mayor contacto y comunicación interna de calidad. ¿Cómo es posible? Pues la tecnología ha ayudado mucho y, además, todos hemos sido mejores compañeros, líderes, etc.  en cuanto a la atención prestada a nuestros equipos, esto ha estado unido a una mayor voluntad por cooperar. Y aquí viene la invitación a que, sin prisa, pero sin pausa, reflexiones con papel y boli sobre todo ello, para sacar conclusiones y modificar el modelo pasado que se ha evidenciado tenía áreas de mejora.

3/ Descubrir y ajustar el nuevo modelo operativo es un proyecto en sí mismo

Durante las próximas semanas o meses, el decidir el nuevo modelo operativo de trabajo debe ser un proyecto en sí mismo que requerirá reflexiones individuales y grupales cada cierto tiempo. Necesitará del clásico prueba-error para crear nuestro nuevo modelo operativo definitivo con unos temas comunes y algunos individuales. Ahora nos toca algo que parece una paradoja, dedicarnos tiempo para reflexionar y así luego ganar tiempo. Quizá sobran webinars y muestras de apoyo y necesitamos dedicar tiempo para definir este nuevo modelo operativo.

La mejor enseñanza de todo esto probablemente sea que por fin hemos puesto en duda el concepto de presencialismo. El reto ahora es implantar modelos de reporting ágiles y continuos, alineando objetivos, valorando avances, guiando y apoyando esa mejora, y entenderemos que lo de estar en la oficina durante un número de horas obligadas era un sinsentido. Porque tú y yo sabemos que lo que de verdad importa, confinados o no, es la efectividad y perseverancia real, que además redundarán en una conciliación como todos deseamos y merecemos.

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